29 mayo 2007

Juan Sebastián Elcano.

El 8 de septiembre de 1522, miles de años de polémica sobre si la Tierra era plana o no quedaron zanjados en un muelle del puerto de Sevilla. Juan Sebastián Elcano y 17 hombres más, harapientos y exhaustos, descendieron con parsimonia de la nao Victoria. Habían pasado tres años desde su partida. Tres años de navegación, tempestades, calmas chichas, costas ignotas habitadas por tribus de salvajes y penurias sin cuento. El precio pagado por la gesta era elevado, pero ese grupo de hombres acababa de completar la primera vuelta al mundo.

La expedición se había fraguado unos años antes, en la bulliciosa Sevilla de principios del siglo XVI. Atraídos por el deseo de enriquecerse y por un innegable espíritu de aventura, marineros, comerciantes y trotamundos de media Europa se dieron cita a orillas del Guadalquivir. América estaba recién descubierta, y las expediciones desbordaban optimismo. Los primeros capitanes, dispuestos a comerse el mundo, bajaban orgullosos por el río al mando de sus carabelas. Era un lugar de promisión, la ciudad de los prodigios.

Fernando de Magallanes, un marino portugués que había navegado por los mares de Oriente, viajó hasta Sevilla para ofrecer al jovencísimo rey de España un ambicioso proyecto que en la corte lisboeta no había cosechado demasiado éxito. Se trataba de llegar a las islas de las especias navegando hacia el Oeste y no hacia el Este, como se venía haciendo desde que Vasco da Gama arribase a la India, años antes. Magallanes estaba convencido de dos cosas: de que la Tierra era esférica –y, por tanto, circunnavegable– y de que la especiería se encontraba en el lado español de la línea de demarcación acordada con Portugal en Tordesillas.

La cosa no era para tomársela en broma. Si era cierto lo que decía el portugués, España podía convertirse en la primera suministradora de pimienta, clavo, nuez moscada y otras bagatelas que, en Europa, tenían precios astronómicos. Magallanes se puso en contacto con Juan de Aranda, factor de la Casa de Contratación, que le consiguió una entrevista con el rey en persona. Carlos I estaba aún muy verde y apenas hablaba español, pero alguien debió de recordarle que lo de Colón empezó del mismo modo. El monarca se avino a capitular y financió de su bolsillo buena parte del coste del viaje.

Se armaron cinco naves: la Trinidad, la San Antonio, la Santiago, la Concepción y la Victoria. Por el puerto de Sevilla se reclutaron 240 tripulantes, y se cargaron provisiones y otras vituallas para dos años de travesía.

Es aquí donde aparece el hombre que pondría el broche final a la aventura, Juan Sebastián Elcano. Había nacido en un pueblecito de Guipúzcoa, Guetaria, que pronto se le quedó pequeño. Anduvo guerreando en Italia con el Gran Capitán, y se apuntó entusiasta a la expedición militar que en 1509 el cardenal Cisneros había armado contra Argel. Conquistada la gloria, regresó a España y se afincó en Sevilla, que era donde se cortaba el bacalao. Allí conoció a Magallanes y, engolosinado con las riquezas que le aguardaban al otro lado del mundo, consiguió el puesto de contramaestre de la Concepción.

La flota partió de Sevilla a cañonazo limpio en agosto de 1519, y se hizo a la mar desde Sanlúcar al mes siguiente. Las cinco naves, con las velas hinchadas por la corriente de las Canarias, se dejaron caer hasta Tenerife, donde hicieron aguada. La idea de Magallanes era navegar pegado a la costa africana hasta poco antes del ecuador. En ese punto, y para evitar la temida zona de calmas chichas que tantas vidas se cobraba, tomaría rumbo oeste, para que el viento llevase sus barcos hasta la costa americana. Para bregados marinheiros como Magallanes, eso era coser y cantar.

Ya en Brasil había que seguir la ruta que, años antes, había trazado Juan Díaz de Solís, un desdichado que, tras descubrir y cartografiar el Río de la Plata, terminó en la olla de los indios charrúas. Se dieron un festín, porque a Díaz de Solís le acompañaban 60 hombres. Magallanes ya sabía algo: ahí no debía fondear. A partir de ese punto todo lo tendría que descubrir él solito. No había mapas, ni testimonios: estaba tan lejos de la civilización que ni siquiera tenía leyendas a las que agarrarse.

El primer invierno se les echó encima frente a las costas de la Patagonia. Fondearon y establecieron contacto con sus habitantes, unos indios de un tamaño descomunal a los que llamaron "patagones". El paraje era frío e inhóspito, y las mujeres, tal y como precisa el cronista de la expedición, Antonio Pigafetta, eran tan altas como los hombres; "pero, en compensación, son más gordas [...] Nos parecieron bastante feas; sin embargo, sus maridos parecían muy celosos".

Pigafetta era un italiano culto y refinado que se había embarcado buscando aventuras y emociones fuertes. Gracias a él conocemos todos los detalles de la expedición. Como un reportero de la National Geographic, fue anotándolo todo: las plantas, las gentes, sus costumbres, las lenguas que hablaban, las constelaciones del cielo. No escatimó ni los arreglos comerciales con los indios. En Brasil, por ejemplo, comenta con sorna: "Cambiamos también a buen precio las figuras de los naipes: por un rey de oros me dieron seis gallinas, y aún se imaginaban haber hecho un magnífico negocio". Los indígenas de Filipinas resultaron ser aún más desprendidos: "Nuestras joyas y bagatelas se convertían en arroz, en cerdos, en cabras [...] por catorce libras de hierro nos daban diez piezas de oro". El paraíso de un negociante.

Las diferencias entre Magallanes y los capitanes de las otros barcos, que eran españoles, no tardaron en aflorar durante el invierno patagón. Se produjo un motín. El portugués lo sofocó a tiempo y ajustició a sus instigadores. A uno de ellos, Gaspar de Quesada, le castigó abandonándole en la costa con un sacerdote. Es de suponer que para darle la extremaunción, llegado el momento. Elcano estaba envuelto en el complot, pero supo hacerlo de tal manera que, pasado lo peor, se ganó la estima de Magallanes.

Superado el motín, el capitán general dio orden de proseguir hacia el sur. Hacía frío, y el mar era difícil de navegar. Estaban ya en el paralelo 50, pero Magallanes tenía intención de seguir hasta el 75 buscando el deseado paso que condujese su flota hasta el mar del sur, el mismo que había descubierto Núñez de Balboa en Panamá. El 21 de octubre dieron con él. Le llamaron "Estrecho de las Once Mil Vírgenes", aunque ha pasado a la historia como Estrecho de Magallanes. A la salida se encontraron con el océano más grande del planeta, la mayor masa de agua del sistema solar. Y tenían que cruzarlo.

Un suave viento del sur infló sus velas. Muy a diferencia del Atlántico, el nuevo mar estaba plano como un plato, razón por la cual lo bautizaron "Océano Pacífico", denominación que ha llegado hasta nuestros días. Fue por pura casualidad, porque, en esa latitud, lo normal es que el Pacífico esté tan picado como su temperamental vecino.

A partir de ahí comenzaría la verdadera odisea. Magallanes no sabía que el Pacífico era tan grande, por lo que se pasaron más de tres meses sin avistar tierra. Ningún europeo había navegado antes por esas aguas, que, en cierto modo, eran tan desconocidas para Magallanes como la cara oculta de la Luna para los primeros astrónomos.

La travesía del Pacífico fue agotadora y se cobró muchas vidas a causa del escorbuto. "La galleta que comíamos no era ya pan sino un polvo mezclado con gusanos, que habían devorado toda su sustancia, y que tenía un hedor insoportable por estar empapado en orines de rata", precisa Pigafetta en su diario. Acabadas las provisiones, terminaron comiendo serrín y el cuero del palo mayor, previamente remojado y cocido. En cuanto a las ratas de a bordo, todas desfilaron por la cazuela.

En marzo de 1521 avistaron las primeras islas: el archipiélago de las Marianas, que llamaron "de los Ladrones" porque los indígenas les birlaron una chalupa que habían dejado en la playa mientras se avituallaban. Tras comprobar que el buen salvaje no lo es tanto cuando ve algo que le gusta, prosiguieron viaje hasta que se tropezaron con un vasto grupo de islas, las Filipinas, que llamaron "de San Lázaro" porque, siguiendo el santoral al pie de la letra, las avistaron el 16 de marzo. Los portugueses, que trasteaban por la zona, aún no habían dado con ellas, por lo que Magallanes tomó posesión de las mismas en nombre del rey de España.

Allí el capitán se buscaría la ruina. Se alejó del objetivo del viaje, que era llegar a las Molucas, y le dio por la política. Se dedicó a trabar alianzas con los jefes locales. Se alió con una tribu en contra de otra y pereció en una escaramuza entre ambas. Muertos Magallanes y su sucesor, Juan Serrano, a quien los indios asesinaron tras invitarle a cenar, se planteó el problema de volver a España y de nombrar nuevo jefe. Juan Sebastián Elcano fue el elegido.

De los cinco navíos que habían partido de Sevilla quedaban tres a flote, pero no había tripulación suficiente. Incendiaron la Concepción y, ya al mando de Elcano, se encaminaron a las Molucas. El desánimo cundía. "Estábamos tan hambrientos y tan mal aprovisionados que estuvimos muchas veces a punto de abandonar los navíos y establecernos en cualquier tierra para terminar en ella nuestros días", anota Pigafetta.

El problema de Elcano es que sabía que las Molucas existían, pero desconocía el lugar exacto donde se encontraban. Los portugueses, que conocían su posición, guardaban a buen recaudo el secreto. Propagaron incluso el falso rumor de que sus costas estaban infestadas de arrecifes y eran innavegables. Vagaron durante meses por el mar de las Celebes, recalaron en Borneo y, al final, una tribu de Mindanao les indicó cómo llegar hasta la codiciada especiería.

El 8 de noviembre de 1521 llegaron a destino. Habían pasado dos años desde su partida. Elcano fondeó a la entrada de Tidur e hizo disparar toda la artillería. La ocasión merecía el dispendio. No había tiempo que perder: a los cuatro días ordenó comprar clavo a los indígenas. Les salió muy económico: algunos espejos, tijeras, cuchillos, gorros y paño de color rojo, que hacía furor entre las gentes de aquellas islas. Pigafetta, no obstante, se lamenta de haber sacado tan poco beneficio en el cambalache: "Hicimos, como se ve, un comercio muy ventajoso, aunque no sacamos todo el provecho que hubiéramos podido, pues deseábamos apresurar en lo posible el regreso a España".

Gracias a un portugués que habían encontrado en Tidur, Elcano se enteró de que el rey de Portugal andaba pisándole los talones. Ordenó carenar las naves y poner nuevas velas, sobre las que hizo pintar la cruz de Santiago y la leyenda "Esta es la figura de nuestra buena aventura". El vasco estaba dispuesto a volver a España a cualquier precio, costase lo que costase.

Abandonaron las Molucas a finales de diciembre y tomaron rumbo sur. El capitán dividió la flota: la Trinidad regresaría por el Pacífico; la Victoria, con Elcano abordo, por el Índico. No podía hacer una sola escala. El Índico pertenecía a Portugal, por lo que un encontronazo con cualquiera de sus barcos supondría el fin del viaje. Hizo aguada en Timor y, sospechando que los portugueses le esperarían junto a las costas de Bengala, trazó una arriesgada singladura: ir desde Timor hasta el cabo de Buena Esperanza, cruzando el océano por el paralelo 40, los rugientes 40, a miles de kilómetros de las costas de Asia. Era casi un suicidio, pero el de Guetaria, que a cabezón no le ganaba nadie, se salió con la suya.

Doblado el cabo, ya sólo restaba remontar el Atlántico Sur sin aproximarse a la costa y tomar los alisios de vuelta a casa. Pero a Elcano y a su mermada tripulación le quedaba por vivir la última aventura, la traca de fin de fiesta. En julio avistaron Cabo Verde; no les quedaba agua ni comida, y el escorbuto visitaba de nuevo la cubierta, por lo que se arriesgaron a fondear en un archipiélago que era el cruce de caminos de todas las derrotas portuguesas, la mismísima boca del lobo.

Elcano elaboró un ardid. Mintió a los portugueses asegurando que, en realidad, venían de América y que la rotura del trinquete les había desviado de la ruta. Los portugueses tragaron, pero al día siguiente advirtieron el engaño. El gobernador mandó un esquife para prender al español, pero era demasiado tarde: Elcano ya había largado velas.

La maniobra fue magistral: se dirigió al Caribe y, antes de llegar, enfiló el alisio que condujo la Victoria al golfo de Cádiz, frente a la desembocadura del Guadalquivir. Sólo restaba un pequeño esfuerzo más, remontar el río, y estaban en casa.

El 8 de septiembre entraron en el puerto de Sevilla, dispararon los pocos cañones que les quedaban y amarraron la Victoria. Sólo regresaban 18 hombres: 13 españoles, tres italianos, un portugués y un alemán, el leal cañonero Hans, de Aquisgrán. Lo desconocían, pero eran, después de Dios, los que más sabían del verdadero tamaño y complejidad del ancho mundo que empezaba, tímidamente, a abrirse a los ojos de Europa.

Carlos I, ya convertido en emperador, recibió a Elcano en Valladolid. Le colmó de honores y le concedió un escudo de armas, cuya cimera era un globo terráqueo con la leyenda Primus circumdedisti me (El primero en rodearme). El escudo luce hoy en el buque escuela de la Armada Española, que lleva por nombre, precisamente, Juan Sebastián Elcano.

El marino moriría años después en el Pacífico, durante otra expedición a las Molucas. Sus hombres arrojaron el cadáver en alta mar: bello final para el más grande de nuestros navegantes, para el hombre que llegó hasta el fin del mundo... y regresó. Fernado Díaz Villanueva


22 mayo 2007

La Cruzada del Sur. Juan Antonio Cebrián

Año 711: las hordas musulmanas cubrieron en pocos meses la península Ibérica. Sólo algunos rebeldes, dirigidos por un noble llamado Pelayo, se opusieron al invasor desde sus refugios en las montañas. Comenzaba así una Reconquista que se prolongaría casi ocho siglos en los que se libraron batallas sin igual que ya son leyenda: Covadonga, Clavijo, Simancas, Navas de Tolosa, el Salado... Lugares unidos para siempre a los protagonistas por antonomasia del medievo hispano: Don Pelayo, Tariq, Abderrahman I, el Cid, Sancho III, Abderrahman III, Almanzor, Fernando III, el Santo, Jaime I, el Conquistador, Boabdil, o los Reyes Católicos, quienes hicieron de la Reconquista una gesta sin precedentes en la historia. El trasiego de Covadonga a Granada no solo dejó muerte y destrucción, sino, también, convivencia, cultura y mestizaje que definieron la personalidad de un pueblo que se sobrepuso a todo para convertirse en 1492, gracias al descubrimiento de América, en la potencia más importante y luminosa de su tiempo. Pincha sobre la portada para comprar el libro.

21 mayo 2007

La promesa del almogávar. Francisco Oliver.

Francisco Oliver , mi paisano turolense, es el autor de la novela " La promesa del Almogávar", y quién mejor que él mismo para darnos unas pequeñas pinceladas:
“Corona de Aragón principios del siglo XIII.
Desde Teruel, último bastión cristiano del reino, el joven Diego de Marcilla parte a la nueva cruzada proclamada por el Papa.
Su objetivo es cumplir una promesa de amor disponiendo de un plazo de cinco años para conseguir fortuna suficiente con la que ser aceptado por la familia de su amada. Con el tiempo descubrirá que la guerra, sus horrores, y la intransigencia que conlleva no son el medio más honesto para alcanzar su objetivo: la mano de Isabel de Segura.
“La promesa del almogávar es una novela histórica con la que el lector paseará por distintos escenarios, desde Occitania al Al ándalus, será testigo de la cruzada Albigense, de la persecución de los cátaros, conocerá las Cortes de Amor y el mundo de los trovadores, tendrá acceso a las intrigas de los harenes califales, vivirá en primera línea batallas como las Navas de Tolosa o el desastre de Muret.
El plazo termina. Tras múltiples vivencias y aventuras Diego de Marcilla ha madurado dejando atrás al muchacho que era. Ahora toca retornar a su tierra, ...pero ya nada es igual”.


Y cómo no, aquí posteamos su correspondiente entrevista:
1.- ¿El primer libro que de dejó huella?, ¿Qué edad tenías?
El Lazarillo de Tormes,10 años
2.- ¿Tu primer libro que tuvimos la suerte de ver publicado?
“La promesa del almogávar”
3.- Escritores y libros preferidos, releídos, especiales, etc.
Aquellos que dejaron huella en mi infancia y en mi adolescencia. Van desde Julio Verne y Emilio Salgari, a Cervantes y Quevedo. No puedo destacar libros releídos o preferidos, es mi gran defecto, el escaso tiempo y las tareas de la vida me obligan a emplearlo en la lectura de nuevas adquisiciones.
4.- ¿Cuánto suele durar la labor de documentación para escribir un libro?
En mi caso y tratándose de una novela histórica, de seis meses a un año.
5.- Momento o momentos históricos más importantes de España
El descubrimiento de América como tal, y todo lo que sucedió después.
6.- Si la realidad histórica de España es sólo una, siendo las fuentes, en teoría, las mismas ¿cómo se puede contar nuestra Historia de formas tandispares?
Creo que la realidad se compone a su vez de realidades secundarias que componen la primera. Dicho de otro modo, la percepción de la realidad dependerá de la situación en que se encuentre quien la observa. Eso por un lado, por otro está la manipulación.Un libro que me obsesionó en su momento fue la novela “1.984” de George Orwell, sobre todo la frase aquella de “Quien controla el presente puede controlar el pasado. Quien controle el pasado controlará el futuro” En él se describía una sociedad totalitaria completamente dominada por lo que hoy llamamos medios de comunicación, en aquella sociedad ficticia descrita por Orwell existía un Ministerio de la Verdad, cuya principal tarea era reescribir la historia, falsearla, utilizarla políticamente.De esto, hoy en día hay mucho. Y lo que nos queda.
7.- ¿Quién es tu mentor en tu pasión por la Historia?
Mis mentores fueron los sucesivos profesores de Historia que he tenido a lo largo de mi vida, aquellos que supieron convertir una asignatura en una pasión.Y el resultado de la misma ha sido desarrollarla mediante la literatura.
8.- ¿Cuándo se rodará una gran película histórica en nuestro país?.Alatriste y Los Borgia creo que les falta ese salto de calidad.
Cuando descubran el filón, aunque para descubrirlo primero hay queconocerlo. Nuestra historia es apasionante, pero está muy mal difundida. De todas formas, el cine moderno es algo extremadamente comercial, y para ello hace falta dinero, inversiones, ganas, formación. No sé cuál es la solución,pero por ahora, nuestros cineastas no están a la altura de nuestra historia,mas aún, son capaces de desbaratar la buena literatura que se compone conella.
9.- ¿Tus aficiones "secretas"?
Diseñar páginas web
10.- Un día perfecto sería ...
Un viaje por alguna ciudad desconocida, preferiblemente antigua, con ruinas,templos museos. Acompañado de mi esposa.

17 mayo 2007

Revista Medieval

Buceando por el kiosko me topé con la revista Medieval, reconozco que no la conocía, pero ojeándola me pareció interesante y la compré. Después mi amigo, el dueño del kiosko, me comentó que eran el número 17 y que se era una publicación bimestral. Tras leer el editorial y algunos reportajes me sentí muy identificado con su “política” y su forma de enfocar la Historia, así que, he decidido recomendarla. Pero mejor que se definan ellos mismos:

Arqueología, Historia y Viajes sobre el mundo MEDIEVAL invita a recorrer un pasado milenario a través de su gente de a pie, de sus mujeres, niños y campesinos; de sus famosos nobles y religiosos, y de las más que numerosas huellas materiales medievales que jalonan la geografía mundial: ciudades, murallas, archivos, castillos, paisajes, templos, arte, …

Invita a descubrir el legado espiritual e intelectual de aquellos
antepasados que nos dejaron un sorprendente y luminoso mundo MEDIEVAL; todo un universo cultural que explica las claves para entender nuestra civilización y recuperar la actualidad del pasado.

MEDIEVAL se brinda al lector para ser la tribuna de prensa a través de la cual se expresen quienes están interesados por recuperar y mimar los vestigios del pasado que hay en nuestro país, el foro donde se denuncie la chapuza urbanística que atenta contra el patrimonio histórico de cualquier localidad o el punto de encuentro de quienes desde su pasión por la historia anhelan organizar determinado evento.

14 mayo 2007

Gracias Juan Eslava Galán.

1.- ¿El primer libro que de dejó huella?¿Qué edad tenías?
El Quijote, que en mi infancia leíamos en las escuelas, cada día. También Dos años deVacaciones de Julio Verne y los libros de Rafael Sabatini que leía mi mardre,

2.- ¿Tu primer libro que tuvimos la suerte de ver publicado?
Mi primer libro publicado fue La leyenda del Lagarto de la Malena y los mitos del dragón, un ensayo antropológico sobre una leyenda de Jaén.

3.- Escritores y libros preferidos, releidos, especiales, etc.
Leo de todo, clásicos y modernos. Homero, Herodoto, Ovidio, Arcipreste de Hita, Manrique, cronistas de Indias, Cervantes, Quevedo, Gracián, Pérez Galdós, Pío Baroja, amon J. Sénder, Alvaro Cunqueiro, Pérez Reverte, Vargas LLosa...

4.- ¿Cuánto suele durar la labor de documentación para escribir un libro?
A veces he documentado un libro durante seis meses, otras veces con tres es bastante. Ya vas dominando las técnicas. Mis fuentes son siempre lo más variadas posible, incorporando la arqueología cuando sea menester.

5.- Momento o momentos históricos más importantes de España
La invasión musulmana, la Carrera de Indias, la Ilustración, la Guerra Civil...

6.- Si la realidad histórica de España es sólo una, siendo las fuentes, en teoría, las mismas ¿cómo se puede contar nuestra Historia de formas tan dispares?
La historia es más un arte que una ciencia. Por eso cada generaciòn hace su propia lectura de la historia y corrije lo que la generaciòn anterior instituyó como verdad absoluta. Después dentro de cada generaciòn hay distintas tendencias de historiografía, un mismo hecho se analiza de manera distinta según el analista, Finalmente tengamos en cuenta que la historia se falsifica en el mismo momento en que se producen los hechos. Pensemos en un historiador que analiza el precio de la vivienda de hoy dentro dedoscientos años. El hombre analiza los cocumentos notariales en los que no figura el dinero negro que se paga por el traspaso de un piso: su ánálisis, basado en documentos verdaderos, es completamente falso. Ya sñe que esta conclusiòn es pesimista, pero así son las cosas.

7.- ¿Quién es tu mentor en tu pasión por la Literatura/Historia?
Admiro a muchos historiadores y escritores que me han guiado sin proponérselo, pero si digo un nombre seré injusto con otros

8.- ¿Estamos ante el año del cine histórico en nuestro país, tras el estreno del Capitán Alatriste y de los Borgia?

Es coincidencia que esas dos películas se hayan estrenado el mismo año. Yo hecho de menos más cine histórico. Quizá es que resulta caro y que a los jóvenes realizadores les falta la cultura necesaria para arriesgarse con el cine histórico.

9.- ¿Tus aficiones "secretas"?
Colecciono objetos relacionados con la Guerra Civil y todo tipo de cartas y fotografías y postales antiguas rescatadas de la basura que adquiero en mercadillos.

10.- Un día perfecto sería ...

Cuatro horas de lectura, cuatro de escritura, cuatro de paseo y charlas con amigos...

La Visigoda. Isabel San Sebastián

Corre el año 787 y los musulmanes dominan todos los territorios hispánicos. La joven Alana, hija de una jefa del clan astur y un guerrero godo, es arrebatada de su castro para formar parte del Tributo de las Cien Doncellas: un racimo de muchachas que cada año entrega el príncipe Mauregato al emir cordobés, en señal de sumisión, para que formen parte de su harén.
Así se despliega una trama cuajada de aventuras, pasión y heroísmo que tendrá como escenario Pravia, capital de los reyes holgazanes, la antigua corte visigoda de Toledo, Córdoba y su embrujo andalusí, Vasconia, Aquisgrán, y, como telón de fondo, siempre ese reino de brumas que es Asturias en sus primeros pasos hacia la Reconquista. Y una galería de personajes legendarios en la que confluyen Abd al-Rahman I, Carlomagno, Adosinda, el Beato de Liébana, Alfonso el Casto e incluso Santiago Apóstol.
Isabel San Sebastián, con pulso narrativo, nos relata en La visigoda, su primera novela, una emocionante página de la historia de España llena de traiciones, herejías, batallas y un apasionante romance cuyos protagonistas desafían su destino. Una pincelada de ese tiempo en que la gloria y el horror se daban la mano. Para adquirir el libro pincha sobre la imagen.

07 mayo 2007

Editorial Pitaka.

Editorial Pitaka, una iniciativa de recentísima creación (el 2 de Mayo)
dedicada a la publicación de obras académicas, ensayos y materiales
didácticos especializados, en formato abierto y de libre difusión. Su dirección
es www.editorialpitaka.com. Como verá si visita nuestra página, se
trata de edición digital, fórmula que permite publicar muy facilmente
obras que de otra manera seguramente no tendrían salida comercial.
Además, las condiciones para los autores son muy ventajosas, ya que
reciben un % de los ingresos de cada venta, y los libros tienen ISBN y
Depósito Legal, contando como publicaciones a todos los efectos.
Actualmente hemos iniciado la colección de arqueología y de filosofía,
pero en breve iniciaremos las de Historia, así como la publicación de
revistas especializadas, y estamos abiertos a cualquier tipo de tema
que reúna la calidad e interés necesarios.
Dicho esto, comentarle también que el objetivo de esta iniciativa es
además la de crear un red en Internet para estudiosos, investigadores,
docentes y en general todo aquellos interesados en las diversas ramas
del saber. Para ello, estamos eleborando un Web Ring en la página, a
través del cual se podrá acceder a portales relacionados con las
mismas temáticas, además de habilitar una sección de foros.
Proximamente ofreceremos también más posibilidades de contacto y
relación.

04 mayo 2007

Almogávares. "Desperta ferro"

Los almogávares eran los soldados más bravos y temibles de su época. Eran tropas ligeras, normalmente de infantería, armados con lo justo pero que se movían con sorprendente agilidad en cualquier campo de batalla. Se agrupaban en compañías no muy numerosas, lideradas por un caudillo que las sometía a una disciplina férrea. O vencían o morían: no había término medio. Se les iba la vida en ello, y no sólo porque no daban cuartel en el combate, sino porque carecían de impedimenta: vivían de lo que saqueaban al vencido tras haberle aniquilado. Provenían de las serranías ibéricas y de los valles del Pirineo, donde eran reclutados muy jóvenes, casi niños. La vida que llevaban era durísima: sometidos a mil privaciones, dormían al raso y comían un día sí y tres no. Vivían por y para la guerra.

No llevaban armadura, ni casco, ni siquiera la socorrida cota de malla, tan en boga en aquellos tiempos. Su equipo se limitaba a una lanza colgada al hombro, unos dardos o azconas –que lanzaban con tanta fuerza que eran capaces de atravesar los escudos del adversario– y un afilado chuzo, su arma más mortífera. Antes de entrar en combate golpeaban con fuerza el chuzo contra las piedras, hasta que saltaban chispas; entonces, cuando el sonido era ya ensordecedor, gritaban al unísono: "Desperta, ferro!", seguido de los más tradicionales "Aragó, Aragó!" o "Sant Jordi!", y se lanzaban sobre el enemigo como auténticos diablos. Estremecedor.



Aniversario "La rosa de los vientos"

Leemos en la página de Juan Antonio Cebrián "En esta temporada La Rosa de los Vientos cumplirá sus diez primeros años en antena mientras alcanza las míticas 1500 ediciones, con tal motivo hemos preparado diversas celebraciones entre las que se incluye la reedición del libro Pasajes de la historia, todo un lujo para un programa radiofónico en cadena nacional y siempre sujeto a difíciles horarios."

02 mayo 2007

Anibal

Tras la conquista de Sagunto (en teoría aliada de Roma), se declara la segunda guerra púnica y Anibal decide atacar a su enemigo en el corazón de su imperio (la misma ciudad de Roma). Los Pirineos y los Alpes son un gran prueba de fuego, pero nada detiene al estratega cartaginés.


Parte 1 de 2

Parte 2 de 2

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